Adopción de la ley de etiquetado de alimentos en América Latina y su impacto en la elaboración de alimentos y bebidas

Por Ximena Agrelo,
Head of Regulatory Affairs.
17 de abril de 2025

En los últimos 20 años, el sobrepeso y la obesidad se han convertido en un problema de salud pública creciente en el mundo afectando tanto a niños como a adultos, con consecuencias preocupantes para la salud y la economía de la región. Según el informe conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), titulado “Etiquetado Nutricional en la Parte Frontal del Envase en América Latina y el Caribe” (2022), la prevalencia de sobrepeso en niños menores de 5 años alcanza el 7,5%, superando en casi dos puntos porcentuales el promedio mundial. En adultos, la situación no es menos alarmante: un 24,2% padece obesidad en la región. 

Las consecuencias de esta realidad son múltiples y graves. Un índice de masa corporal elevado en la infancia se asocia con un mayor riesgo de obesidad en la adultez, dificultades respiratorias, hipertensión, muerte prematura y afectaciones en el desarrollo emocional, conductual y cognitivo. En la adultez, la obesidad es un factor clave en el desarrollo de enfermedades no transmisibles (ENT), como la diabetes tipo 2, los trastornos cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares y ciertos tipos de cáncer. Además, estas condiciones agravan la morbimortalidad por enfermedades como el COVID-19, y se espera que la pandemia haya intensificado la malnutrición, el sobrepeso y la obesidad debido a la reducción del poder adquisitivo de los hogares y a la limitación en el acceso a alimentos nutritivos (FAO et al., 2022; OMS, 2021; UNICEF, 2021). 

El impacto económico también es significativo. Las estimaciones de costos anuales vinculados al sobrepeso y la obesidad en salud, ausentismo laboral y mortalidad prematura son enormes. Por ejemplo, México enfrenta un gasto anual superior a 7.300 millones de dólares, mientras que en Guatemala supera los 3.800 millones, y en países como Chile y Ecuador estos montos alcanzan los 493 y 1.746 millones de dólares, respectivamente (CEPAL y PMA, 2017; PMA y CEPAL, 2019a, 2019b, 2020a, 2020b). 

Frente a esta realidad, la FAO, la OPS y UNICEF destacan la importancia de implementar políticas públicas basadas en la evidencia, que promuevan entornos alimentarios saludables. Una de las herramientas más efectivas y reconocidas a nivel global es el Etiquetado Nutricional en la Parte Frontal del Envase (ENPFE). La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado al ENPFE como una política clave para ayudar a los consumidores a tomar decisiones informadas, reduciendo la intención de compra de alimentos ultraprocesados y con altos contenidos de nutrientes críticos perjudiciales para la salud. 

Del mismo modo, todos aquellos alimentos y bebidas analcohólicas que contengan edulcorantes y/o cafeína deberán declarar la o las leyendas precautorias pertinentes, independientemente si exceden los límites establecidos para los nutrientes críticos y/o energía. 

En América Latina y el Caribe, diez países ya han avanzado en la legislación y normativa sobre ENPFE. Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay han implementado sistemas de advertencias mediante octógonos negros, otros países como Ecuador ha introducido un semáforo que advierte sobre el consumo de menos a más, mientras  Colombia y Venezuela se encuentran en proceso de implementación. Estudios demuestran que el etiquetado frontal obligatorio, junto con políticas complementarias (como restricciones publicitarias, regulación de alimentos en escuelas y campañas de educación nutricional), es más efectivo que medidas voluntarias aisladas para frenar el avance del sobrepeso y la obesidad (FAO et al., 2022). 

En este contexto, resulta clave fortalecer los marcos regulatorios y continuar impulsando estrategias regionales que favorezcan hábitos de alimentación saludables y sostenibles. El ENPFE se posiciona como un pilar central en la construcción de políticas públicas integrales para combatir la obesidad y mejorar la salud de las poblaciones. 

Chile fue pionero en la región, con la entrada en vigor en 2016 de la Ley Nº 20.606, que exige la colocación de octágonos negros con la leyenda “alto en” para alimentos que excedan los límites establecidos. Esta normativa también prohíbe la venta y publicidad de esos productos en entornos escolares y ha tenido impactos significativos, logrando una reformulación de productos y una reducción en las ventas de bebidas azucaradas (The Food Tech, 2023). 

México implementó su ley de etiquetado frontal en 2020, utilizando sellos octagonales negros con el texto “exceso” en productos que superen los límites establecidos por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Además, prohíbe el uso de personajes infantiles en productos con advertencias, regulando las declaraciones de propiedades nutricionales para evitar la desinformación (The Food Tech, 2023). 

Perú adoptó su propia ley en 2019 a través de la Ley Nº 30021, con etiquetas frontales de advertencia para productos con altos contenidos de azúcares, grasas saturadas y sodio, especialmente para proteger a niños, niñas y adolescentes (The Food Tech, 2023). 

Uruguay también se sumó a esta tendencia en 2020, estableciendo etiquetas de advertencia similares a las de Chile y México, con el objetivo de reducir el consumo de productos ultraprocesados y promover hábitos de alimentación más saludables (The Food Tech, 2023). 

Argentina, por su parte, aprobó en 2021 la Ley Nº 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, que exige octágonos negros para los alimentos y bebidas analcohólicas que superen los límites críticos. Esta normativa comenzó a implementarse en etapas desde 2022, y también regula la publicidad y venta en entornos escolares (Organización Panamericana de la Salud, 2022). 

En 2025 se ajustó la implementación y la diferencia, aunque pequeña, consideramos que permitirá ver cuáles son los excesos en la industrialización y que la población pueda discernir mejor qué comprar y que no comprar dentro de un mismo grupo de alimentos.  

Brasil inició la aplicación de su ley en 2022, con etiquetas de advertencia en forma de rectángulos negros con lupa y la leyenda “alto en” para productos que excedan los límites de nutrientes críticos. Esta medida, respaldada por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA), demostró, según estudios, una mejora en la percepción de salud y la comprensión del contenido nutricional por parte de los consumidores (The Food Tech, 2023). 

Colombia sancionó en 2021 la Ley Nº 2120, que entró en vigencia el 15 de junio de 2024.. Esta ley establece la obligatoriedad del etiquetado frontal para alimentos con exceso de nutrientes críticos. Un estudio previo realizado por la organización Red Paz (2018) evidenció que el etiquetado de advertencias tuvo mayor impacto en la percepción y elección de productos saludables, en comparación con otros modelos como el de Cantidades Diarias Orientativas (GDA) (The Food Tech, 2023). 

Ecuador, desde 2014, utiliza un sistema de etiquetado tipo semáforo que indica los niveles de azúcares, grasas y sodio mediante colores, aunque algunos especialistas sugieren que los octágonos negros tienen un impacto más efectivo en la conducta del consumidor (Organización Panamericana de la Salud, 2022). 

Según el más reciente informe de la OPS (2022), los países que han promulgado legislaciones obligatorias de etiquetado frontal son: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Venezuela.

Bolivia, desde 2023, también utiliza el etiquetado tipo semáforo, que establece que todos los alimentos comercializados en el país deben contar con etiquetas claras y precisas, proporcionando información veraz y completa sobre su contenido, calidad y características. 

Paraguay, a diferencia de otros países, ha optado por utilizar el sistema de la lupa en lugar de alertar en forma octogonal. Así, el sello debe indicar, en color negro con fondo blanco, y en su interior el texto en mayúsculas “ALTO EN” AZÚCARES, GRASAS SATURADAS, SODIO.  

Paises del Caribe, al igual que la mayoría de los países de LATAM prevalece también el etiquetado frontal de octógono negro como advertencia. 

La evidencia científica recopilada hasta la fecha señala que estas medidas contribuyen significativamente a la reducción en el consumo de productos con altos contenidos de azúcares y grasas, impulsar la reformulación de productos por parte de los elaboradores y aumentar la conciencia nutricional en la población (Organización Panamericana de la Salud, 2022; The Food Tech, 2023). 

Todos los actores de la industria de alimentos y bebidas podemos desempeñar un papel clave en este cambio, promoviendo la reformulación de productos para reducir los niveles de sodio, azúcar, grasas y calorías, y así ofrecer opciones más saludables a los consumidores. 

Fuentes: 
The Food Tech: “Así ha avanzado el etiquetado frontal en América Latina para impulsar dietas saludables”, 9 de marzo de 2023. 
The Food Tech: “La ley de etiquetado de alimentos en América Latina: ¿qué países la han adoptado?”, 2023. 
Organización Panamericana de la Salud (OPS): “Etiquetado nutricional en la parte frontal del envase en América Latina y el Caribe”, 2022. 

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