¿Qué buscará el consumidor de alimentos y bebidas en 2028? 

Por Celeste Borra,
Marketing Manager.
6 de agosto de 2026

Anticipar el futuro de la alimentación implica mucho más que identificar tendencias. Para las empresas de alimentos y bebidas, el verdadero desafío es comprender cómo evolucionarán las motivaciones, los hábitos y las expectativas de los consumidores, y transformar ese conocimiento en productos capaces de responder a esas nuevas demandas. 

Ese proceso no es inmediato. Entre detectar una tendencia y verla materializada en la góndola existe un recorrido que requiere investigación, desarrollo, formulación, validación y escalado industrial. Traducir una necesidad emergente en una matriz alimentaria estable, sensorialmente atractiva y técnicamente viable es un desafío complejo que demanda tiempo, conocimiento y una profunda comprensión tanto del mercado como de la tecnología de los alimentos. 

En ese contexto, anticipar hacia dónde evolucionará el consumidor se convierte en una ventaja estratégica para quienes desarrollan nuevos productos. Esto adquiere especial relevancia en un escenario atravesado por la aceleración, la saturación digital y la incertidumbre, en el que también comienza a redefinirse qué se entiende por valor. La novedad, la inmediatez y la abundancia de opciones ya no resultan suficientes: crece el interés por productos y experiencias que aporten bienestar, permitan bajar el ritmo y favorezcan una relación más consciente con el consumo. 

El informe El consumidor del futuro 2028, elaborado por WGSN, ofrece una mirada las nuevas motivaciones y comportamientos que marcarán el consumo durante los próximos años. Más que clasificar a las personas por edad o nivel socioeconómico, identifica nuevas motivaciones, valores y comportamientos que ayudarán a definir qué productos serán relevantes en el futuro. 

A partir de este análisis, se reconocen cuatro perfiles que influirán en las decisiones de compra: 

  • Los Ascendentes, orientados al progreso.  
  • Los Guardianes, que priorizan la estabilidad y la confianza.  
  • Los Desafiantes, movilizados por la expresión y la transformación.  
  • Los Restauradores, enfocados en recuperar el equilibrio en un mundo sobre estimulado.  

Uno de esos perfiles, los Restauradores, representa uno de los arquetipos con mayor potencial de crecimiento. Se trata de consumidores que, frente a las exigencias de un entorno cada vez más demandante, buscan recuperar el equilibrio a través de experiencias más conscientes, simples y significativas.

Los Restauradores están atravesados por el cansancio frente al ruido digital, la presión por optimizar cada aspecto de la vida y la exposición permanente a estímulos. Como respuesta, buscan establecer límites, proteger su energía y encontrar espacios que favorezcan la calma, la presencia y el disfrute. 

Este cambio modifica la manera de evaluar los productos. El valor ya no se encuentra necesariamente en ofrecer más funciones, más ingredientes o más promesas, sino en brindar una solución significativa, comprensible y coherente con una vida más equilibrada. 

La innovación deja de estar asociada exclusivamente con la intensidad y la novedad para incorporar otras dimensiones: simplicidad, sensorialidad, cuidado, conexión y permanencia. Según WGSN, las marcas capaces de desacelerar la experiencia, valorar el oficio y generar momentos de presencia estarán mejor posicionadas para conectar con este consumidor.

En alimentos y bebidas, esta búsqueda abre oportunidades que van más allá de una categoría o un ingrediente puntual. Lo restaurativo puede expresarse tanto a través de la nutrición como del ritual, la textura, el aroma, el sabor, la preparación y el contexto en el que se comparte el producto. 

Jennifer Creevy, directora de Food & Drink de WGSN, señala que los Restauradores buscarán recuperar energía y optimismo mediante el placer consciente, el descanso reparador, la alegría intencional y los vínculos significativos. Esta perspectiva redefine el bienestar: ya no se limita a los atributos nutricionales de un producto, sino que incluye los rituales, las emociones y las experiencias construidas alrededor de su consumo. 

En este escenario, cobrarán relevancia las propuestas capaces de adaptarse a diferentes estados de ánimo, necesidades y momentos: desde nuevos rituales de hidratación y bebidas orientadas a beneficios concretos hasta aperitivos y comidas versátiles para compartir, disfrutar o acompañar instancias de desconexión. 

La conexión será otro valor central. Los consumidores buscarán marcas que reinventen de manera creativa el acto de compartir y faciliten experiencias reales con familiares, amigos y comunidades. Así, los alimentos y las bebidas podrán convertirse no solo en vehículos de nutrición y placer, sino también en facilitadores de encuentros, cuidado personal y pertenencia. 

Desde esta perspectiva, aparecen distintos territorios de innovación: 

  • Productos que acompañen momentos de pausa, descanso o recuperación.  
  • Experiencias sensoriales capaces de transmitir calma, placer y conexión.  
  • Soluciones simples que reduzcan el esfuerzo cotidiano y faciliten elecciones más conscientes.  
  • Alimentos y bebidas pensados para compartir y fortalecer los vínculos.  
  • Propuestas que prioricen la calidad, la transparencia y la coherencia por encima de la sobrecarga de claims.  

No se trata únicamente de desarrollar productos “para relajarse”, sino de comprender que toda la experiencia puede cumplir una función restaurativa. Una bebida puede convertirse en una pausa; una preparación sencilla, en un ritual; y una comida compartida, en una oportunidad de reconexión.

El consumidor percibe su bienestar como una experiencia en la que intervienen la alimentación, el descanso, el estado de ánimo, los vínculos y el entorno. Para las marcas, la oportunidad está en desarrollar propuestas claras y coherentes, en las que la formulación y la experiencia confirmen el beneficio comunicado. 

La restauración también influye en la percepción de calidad y en los criterios de compra. Frente al exceso de estímulos y alternativas, aumenta la valoración de productos confiables, consistentes y elaborados con intención. 

En lugar de perseguir permanentemente lo nuevo, este consumidor puede preferir propuestas que demuestren conocimiento, transparencia, una procedencia clara y una utilidad concreta. Para las empresas, esto vuelve especialmente relevante la capacidad de explicar por qué un producto merece formar parte de la vida cotidiana. 

El desafío será innovar sin sumar complejidad innecesaria. No siempre se tratará de agregar más componentes, sino de seleccionar mejor, formular con precisión y comunicar con claridad.

Más allá de las particularidades de cada perfil, el informe de WGSN plantea que las marcas deberán ayudar a transformar grandes aspiraciones en avances cotidianos, personales y alcanzables. Para lograrlo, recomienda dividir los objetivos complejos en pequeños pasos, mostrar de manera clara el impacto de cada acción e incorporar dinámicas lúdicas que hagan el proceso más gratificante. 

Esto implica evolucionar de un marketing puramente aspiracional hacia una comunicación más cercana y afirmativa, capaz de reconocer tanto los desafíos como los progresos. En lugar de presentar modelos ideales difíciles de alcanzar, las marcas pueden acompañar trayectorias reales, celebrar los pequeños logros y ofrecer soluciones que evolucionen junto con las personas. 

También crecerá el valor de las comunidades construidas alrededor de objetivos compartidos. Crear espacios de intercambio, aprendizaje y apoyo permite que los consumidores no solo se vinculen con una marca, sino que también se impulsen entre sí. 

Para alimentos y bebidas, esta mirada puede traducirse en propuestas que faciliten la construcción gradual de mejores hábitos, brinden orientación clara y acompañen diferentes momentos y etapas de la vida. Así, el producto deja de ser una respuesta aislada para convertirse en parte de un recorrido sostenido. 

Te recomendamos leer Cómo traducir tendencias globales en soluciones reales para alimentos y bebidas

Las tendencias identificadas por WGSN invitan a las empresas de alimentos y bebidas a revisar no solo qué desarrollan, sino también para quién, con qué propósito y a partir de qué indicadores evalúan su valor. 

1. ¿Estamos comprendiendo al consumidor más allá de los datos demográficos? 

La edad, los ingresos o la ubicación geográfica ya no alcanzan para explicar las decisiones de compra. Las emociones, los valores, las motivaciones y los estilos de vida permiten construir segmentos más dinámicos y relevantes. 

2. ¿Estamos agregando valor o simplemente sumando atributos? 

Durante años, innovar significó incorporar más ingredientes, funciones, claims o variedades. Sin embargo, los Restauradores buscarán reducir la saturación y la fatiga de decisión. La oportunidad puede estar en simplificar, facilitar la elección y diseñar productos que aporten una respuesta clara. 

3. ¿Medimos el valor de la misma manera que el consumidor? 

El volumen, la frecuencia y la velocidad de compra continúan siendo indicadores importantes, pero podrían resultar insuficientes. Si las personas buscan consumir menos y elegir mejor, también será necesario considerar la confianza, la calidad percibida, la recurrencia, la recomendación y el lugar que un producto logra ocupar en sus vidas. 

4. ¿Atendemos solamente necesidades funcionales o también emocionales? 

La innovación suele concentrarse en el rendimiento, la conveniencia y la eficiencia. El desafío será desarrollar productos y experiencias que, además de cumplir una función concreta, ayuden a las personas a sentirse más tranquilas, cuidadas, conectadas y en equilibrio. 

Estas preguntas muestran que el futuro de la innovación no estará únicamente en agregar más, sino en comprender mejor. Las marcas que logren combinar funcionalidad, simplicidad, sensorialidad y conexión emocional estarán en mejores condiciones de construir propuestas verdaderamente relevantes. 

En Grupo Saporiti acompañamos a nuestros clientes en el desarrollo de soluciones que responden a las nuevas formas de consumo, combinando conocimiento técnico, ingredientes, sensorialidad y comprensión del mercado. 

Porque innovar para el consumidor del futuro no será ofrecerle más estímulos, sino crear productos que aporten valor real y encuentren un lugar relevante en su vida.

Podemos ayudarte a transformar estas tendencias en nuevas oportunidades de innovación.

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